El circo de la fea
Anoche estuvimos delante de Telecinco esperando ver la boda entre Bea y Álvaro. Sí, me estoy refiriendo a “Yo soy Bea“, la versión española de Betty la Fea. Y no. No la vi porque yo la siga, sino por my wife. Yo me reservo el España-Italia del domingo.
La cuestión es que Telecinco sabía que, después de más de 2 años de emisión, tendría público fiel para permitirse emitir capítulos estrella en la franja horaria de mayor audiencia. Y vender publicidad por ello. ¡Y vaya si lo aprovechó! Ya lo hizo con la transformación de Bea y anoche lo volvió a hacer con la boda entre los protagonistas: cambia la hora de emisión y la coloca a las 22.30h.
… un momento … ¿he dicho a las 22.30h?…. mmmm…. ¡NO! Eso fue lo que quisierion hacer creer al público. Después de estar todo el puto día con una mosca en que se anunciaba la boda a las 22.30h, el capítulo comenzó su emisión con casi 45 minutos de retraso. ¡¡¡¡ 45 minutos !!! 45 minutos en que emitieron gags repetidos de las matrimoniadas de J. L. Moreno y en que ni siquiera quitaron la mosca. Y eso sí, con publicidad interminable.
En fin, que medio país se pasó 45 minutos haciendo zapping a otros canales (los más afortunados lo hicimos con la Fox) y muchas marujas además se cagaron en la gracieta de Telecinco.
No tengo muy claro el porqué de estas jugadas. Me parecen francamente feas para con su audiencia. Deberían aprender de otros canales. Sirva como ejemplo la propia Fox: House empieza puntualmente a las 22.20h, y si parpadeas, te lo pierdes™.
Además, con el hilo argumental completamente exprimido y agotado -para los que no lo sepan, todas las series del tipo Betty la Fea acaban en el mismo punto en que ya se encuentra la de Telecinco -, la cadena de Vasile sigue empeñada en estrujar aún más el tirón introduciendo nuevos personajes – otra Bea que sería el alter-ego de la actual, es decir, guapa, rica, pija y tonta -, y nuevas tramas en torno a Bulevar 21.
Señores de Telecinco: hay que saber decir basta. Su formato se ha agotado. Reconózcanlo y déjenlo acabar en su mejor momento. Porque de lo contrario, lo quemarán. De hecho, ya lo están quemando, con capítulos especiales insulsos como el de anoche. Y no se lo dice un fan, sino todo lo contrario, alguien a quien los culebrones le aburren soberanamente.



