El miedo a salir en los periódicos

Desde que nació Víctor veo muchas cosas de otra manera. Entre ellas el exceso de celo de los profesionales de la justicia y la sanidad.
Mi círculo más íntimo me ha oído confesar en múltiples ocasiones el miedo que me causa sólo pensar en llevar al peque al centro de salud. Víctor es un niño que comienza a caminar y se da golpes contínuamente. En más de una ocasión ha estado a punto de abrirse la cabeza contra el sofá, la pata de la mesa, o el mueble de la tele. Y lleva las rodillas llenas de moretones. Es un niño. Es normal. Pero en un centro de salud, lo que siempre ha sido normal ya ha dejado de serlo.
La hipersensibilización social acerca del maltrato infantil y la violencia de género, unido al miedo de profesionales sanitarios y de las administraciones a salir en los periódicos de mañana por no haber denunciado un presunto caso de maltrato hoy nos ha abocado a un exceso de celo en que, por curarse en salud, se denuncia casi todo.
Dos caras de una misma moneda: hipersensibilización y exceso de celo. Con consecuencias dispares. Townsend lo expresa exquisitamente bien en su anotación “Un cuento fantástico“. Y la culpa es nuestra, señores, suya y mia.
Hemos llegado al extremo del pensamiento sucio. Miren, les contaré algo: el Día del Emprendedor fui a comer con mi socio a una hamburguesería de Kinépolis Paterna. Era jueves, sobre las 14:00 y en la cola había con nosotros un sacerdote joven con cuatro niños de un colegio privado, vestidos de uniforme. Yo estudié la EGB en La Salle, un colegio religioso, y hace quince años nunca se me hubiese pasado semejante idea por la cabeza, pero ese día imaginé al religioso abusando de estos niños. Confieso que por la noche, ya en casa, hablando con Inma de ésto me llegué a sentir mal por mis propios pensamientos. ¡Por dios! ¡¡¡Que yo me crié en un colegio religioso y jamás se dio una situación tal!!!
Es muy correcto y necesario que las instituciones públicas y los funcionarios vigilen con detalle los casos posibles de violencia de género, maltrato infantil, etc. Pero nosotros, todos los demás, debemos rebajar la presión a los que les sometemos, para evitar situaciones esperpénticas como las que por desgracia ya nos estamos acostumbrando a ver en los telediarios mientras comemos.
Por eso, y por nuestra salud mental. Tendemos a pensar que los demás son intrínsecamente malos. Antes no lo hacíamos. ¿Cuándo se dio el punto de inflexión en nuestro sentir colectivo?
Imagen| Mont-martre
Enlace | Un cuento fantástico



