Hace ya mucho tiempo que no hablo de política en este blog. Pero hoy creo que merece la pena reflexionar en voz alta. A estas horas de la noche ya estará casi todo dicho, pero como siempre nos queda el derecho al pataleo, hagámonos oir.
De Juana Chaos está en huelga de hambre desde hace mucho tiempo. Y la Audiencia Nacional (o Instituciones Penitenciarias), lo ha alimentado contra su voluntad hasta en tres ocasiones. Hasta ahí todo correcto. Todo de manual. Y la explicación técnica me la ahorraré porque os aburrirá seguro, pero en palabras llanas ésto ocurre porque el Estado de Derecho no puede dejar morir a un preso. La cuestión es la siguiente: el preso tiene derecho a dejar de alimentarse (huelga de hambre) y nadie le puede forzar a ello. No obstante, cuando caiga insconsciente, el Estado debe intervenir y alimentarlo contra su voluntad porque, puesto que se halla preso y no puede valerse por sí mismo, el Estado es guardián de su vida (bien jurídico protegido por encima de cualquier otro). Y es algo de manual. Debe hacerse una vez y otra y otra, y las que hagan falta. Y aunque pareza increíble, el Estado tiene la obligación de no dejar morir a un reo, por muy hijo de la gran puta que sea y mucho que lo merezca. Por mucho que quien tenga que cambiarle el suero arda en deseos de dejarlo morir (que por otro lado es su deseo).
Lo que no concibo es la oportunidad política que puede esconderse tras la petición de la fiscalía que dirige Cándido Conde Pumpido. Porque si el reo muere súbitamente, pues que lo haga. Se hará lo que se pueda por salvar su vida, y si muere, que muera. Pero que muera en prisión, o en un estado de privación absoluta de su libertad. La Administración habrá velado hasta el último momento por salvaguardar su vida, pero…
Ahora bien. ¿Por qué la fiscalía se plantea salirse del guión? ¿Por qué se plantea siquiera un trato de favor con este cabrón? ¿Qué hay detrás de esta decisión?
Enfermillos, yo tiendo a pensar muy mal si una orden viene de este Fiscal, porque está claramente controlado por el Ejecutivo (quien, por cierto, no se ha posicionado que yo sepa). Y no entiendo porqué se tiene que hacer una excepción con este sujeto.
Pero analicémoslo fríamente: el tío no ha dicho que dejará la huelga de hambre por el hecho de que se lleve a su casa, sino cuando obtenga la libertad, o no sé qué. Así que, si fuese consecuente con sus propias palabras, llevarlo a su casa no conseguiría resolver el problema, porque se dejaría morir de hambre también allí. Y seguiría estando bajo la vigilancia y por tanto responsabilidad del Estado. Así, esto de dejarlo pudrirse en su puta casa no es un remedio, sino un remiendo de una tela que está tan rota que no hay quien la cosa.
Mi opinión está clara: el Derecho Penal establece que sea alimentado en un hospital contra su voluntad cuando pierda la consciencia y así debe hacerse… hasta que muera, incluso si ocurre súbitamente. Es el único riesgo que el Estado de Derecho se puede permitir cuando debe velar por la vida de un reo. Y las cosas deberían seguir así. Sin excepciones. Tampoco se crearía lo que la prensa enseguida ha venido en llamar “precedente”. Habría que explicarles a los periodistas que en nuestro Derecho el “precedente” no existe. Pero esto es otra historia más densa y aburrida y debe ser contada en otro momento.